«Recuerdo a un cliente, un actor con una gran trayectoria en teatro, que llegó a nuestra sesión con una energía increíble pero también con una visible tensión al estar frente a la cámara.
Me confesó que, a pesar de sentirse libre en el escenario, la lente le intimidaba y no sabía cómo traducir esa emoción en una pose. En lugar de darle instrucciones rígidas, le pedí que simplemente se moviera, que caminara por el estudio y que jugara con los espacios.
A medida que se relajaba, le iba dando pequeños consejos, como ‘levanta un poco el mentón’ o ‘lleva el peso a la pierna izquierda’. La magia sucedió cuando la pose dejó de ser una preocupación y se convirtió en una expresión de su ser.
El resultado fue una serie de fotos que no solo eran técnicamente perfectas, sino que capturaban su esencia y su historia, demostrando que la mejor pose es la que refleja tu alma y no una instrucción de un manual.»
— Victoria Acosta, Directora Artística y Fotógrafa Principal.